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La psicodelia siempre ha sido un pilar fundamental de la contracultura. A parte de la relación inherente con las drogas, cuyo uso busca la manifestación del alma (acuñación del psicólogo británico Humphry Osmond), su influencia generó un nuevo concepto en las artes. Tanto es así, que se extendió desde la literatura, pasando por la música hasta las artes visuales.

En lo que a lo último se refiere, cabe destacar un florido mundo de pósters, carteles de conciertos, portadas de discos, películas y cómics, que marcaron una estética común. Influenciados por el surrealismo y su mundo onírico, los artistas psicodélicos empezaron a usar patrones repetitivos, combinaciones de color contrastados o espirales y fractales.

Pero tan pronto como se extendió el concepto, dejó de tener relevancia la etiqueta. La estética se amplió y el uso de sustancias psicodélicas ya no era necesario para adscribirse al término. Y fue en ese ambiente renovado cuando explosionó la psicodelia en el Japón de posguerra.

Así pues, hablaremos de tres de los más importantes diseñadores japoneses del género y recomendaremos algunos mangas que trabajan la estética mencionada.

Empezamos por Tadanori Yokoo, injustamente conocido como el Andy Warhol japonés. Nacido en Nishiwaki, en 1936, es uno de los diseñadores gráficos más reconocidos internacionalmente. Empezó su carrera como escenógrafo en el teatro experimental de Tokyo. A finales de los años 60, Yokoo se interesó por el misticismo, lo que le hizo viajar a la India. Fue en esa época cuando su trabajo fue reconocido e incluido en la exposición Word & Image del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Yokoo reconoce con orgullo, que sus influencias en su trabajo fueron el cineasta Akira Kurosawa y el escritor Yukio Mishima. Además, este último dijo en forma de halago que la obra de Yokoo “revela todas las cosas insoportables que los japoneses tenemos dentro de nosotros y hacen que las personas se enojen y se asusten”. Desde 1981 que Yokoo no ha publicado nada y se mantiene alejado del negocio, aún así, su legado continúa en activo inspirando a las nuevas generaciones.

Otro artista del Japón de posguerra fue Keiichi Tanaami. Nacido en el Tokyo de 1936, Tanaami sufrió el bombardeo de la ciudad cuando solo tenía 9 años. Aquel hecho se le quedo grabado, e influenció toda su obra. “Me obligaron a alejarme de mi infancia, la monstruosidad de la guerra llenó mis sueños de miedo y ansiedad” reconoce el propio Tanaami.

Empezó a dibujar de manera temprana, lo que hizo que pasara mucho tiempo en el estudio del mangaka Kazushi Hara. Más tarde, completaría sus estudios de dibujo en la Universidad de Arte de Musashino. No tardó mucho en hacerse un nombre y obtener el éxito por su trabajo. A la par, experimentó con la animación, y realizó las portadas de bandas tan importantes como The Monkees o Jefferson Airplane, dándole tal crédito, que se convirtió en el director artístico de la edición japonesa de Playboy y en un importante cineasta experimental. No fue hasta 1991, que Tanaami se alejó de los focos y comenzó a trabajar de profesor en la Universidad de Arte y Diseño de Kyoto.

Por último, hablaremos de Kiyoshi Awazu. Este diseñador autodidacta, nació en 1929 en la ciudad de Tokyo. Empezó dibujando carteles de cine y pronto se hizo famoso por su variedad de temas y estilos. Su prestigio le llevó a crear también diseños para el teatro y a colaborar con arquitectos y diseñadores urbanos. Michio Hayashi, historiador de arte, comentó que “el enfoque de Awazu reprendía los ideales del diseño modernista y se comprometía con la cultura nativa, los símbolos populares y los elementos visuales desordenados”.

Antes de pasar a la recomendación de mangas lisérgicos, mencionaremos brevemente a otra de las figuras emblemáticas del Japón de posguerra como fue Aquirax Uno, seudónimo del artista y fetiche creador de los carteles de las obras del teatro experimental Tenjō Sajiki. De igual manera, queremos resaltar los nombres de artistas contemporáneos que trabajan con la estética de la psicodelia como Yayoi Kusama o Takashi Murakami, que han rediseñado el concepto y lo han incluido en las galerías de arte.

Y para acabar, recomendaremos algunos mangas que bebieron de esa corriente surrealista y psicodelica. Aunque es tarea difícil, ya que la propia temática hace imposible un desarrollo narrativo al uso, hay autores que consiguieron incluirla en sus obras.

Como ya hablamos en uno de nuestros anteriores artículos, uno de estos exponentes de la psicodelia podría ser Imiri Sakabashira. The Box Man es sin duda un manga tan loco como surrealista, un viaje psicodélico casi mudo. También citamos a Keiichi Koike y su manga alucinógeno Ultra Heaven, al igual que las viñetas experimentales de Sasaki Maki. Pero rebuscando en nuestra hemeroteca , hemos encontrado algunos otros títulos.

Homunculus de Hideo Yamamoto es un estupendo ejemplo. Editado por Ponent Mon desde el 2004 al 2008, acabó siendo cancelado dejando la trama inconclusa. El manga nos cuenta la historia de Nakoshi Susumu, quien necesitado de dinero y sin hogar, decide ofrecerse voluntario en un experimento sobre trepanaciones. A raíz de ello, Susumu empezará a sufrir ciertas alucinaciones asociadas a la percepción extrasensorial.

Homunculus

Otro artista igual de lisérgico es Shintaro Kago, y lo demuestra en su faceta de ilustrador y en sus mangas, pero quizás su manga más representativo es Reproducción por mitosis y otras historias. Editado por EDT en 2012, este tomo recopila catorce relatos repulsivos a la vez que hipnóticos. Kago, rompe nuestros esquemas mentales mediante la paranoia y la confusión, mientras hila los relatos con un humor corrosivo y un dibujo inquietante.

Y por último, cerrando la sección de autores de manga psicodélico, un clásico, aunque más bien en la animación, ya que el manga pasó desapercibido y solo fue editado en francés. Hablamos de Robin Nishi y su delirante historia titulada Mind Game. La historia cuenta la vida de Nishi, un joven mangaka fracasado. Una tarde, se reencuentra por casualidad con su amor de infancia, quien a través de un conflicto familiar, llevará a Nishi a morir. Una vez muerto, Nishi se encuentra con Dios, un ser cambiante el cual decide que no muera. Tras volver a la vida y tras una persecución con la yakuza, Nishi queda atrapado en el interior de una ballena. Una historia tan frenética como lisérgica, donde el autor dará un sentido al sin sentido.

MindGame

¿Y tú, que otros mangas recuerdas surrealistas y locos, que pudieran encajar con la etiqueta de psicodelia?

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