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POKÉMON LET’S GO

Pokémon fue mi primer videojuego. Tenía unos ocho años cuando me regalaron por Navidad una Game Boy y el Pokémon Amarillo. Aún recuerdo a la perfección al Pikachu siguiéndome a todas partes; la aventura de convertirse en un entrenador, de capturarlos a todos y de combatir contra el Team Rocket y contra los campeones de gimnasios y la Liga Pokémon. El impacto y la importancia de este videojuego en toda una generación de jugadores, tras dos décadas de vida, ha ido in crescendo gracias a nuevas entregas, nuevos pokémon, películas, spin-offs de la saga y hasta un exitoso juego de móviles que se convirtió en un auténtico fenómeno mundial.

Pokémon: Let’s Go Eevee y Let’s Go Pikachu son el primer juego propiamente dicho (aventura, exploración y combate) que aparece en Nintendo Switch y se trata de un remake del mítico Pokémon Amarillo con el que un servidor creció y se inició en el mundillo. Un remake que ha sobrepasado las expectativas (que ya estaban muy altas) y nos ha dejado con un magnífico sabor de boca.

Qué inteligente ha sido (casi) siempre Nintendo: la primera generación de Pokémon, los primeros 151, ha sido siempre la más querida y añorada. La decisión de lanzar un remake de esta con gráficos de última generación (con todo lo que Nintendo Switch puede dar y sin dejar de lado la estética cartoon) y añadir innovaciones a nivel jugable y novedades en la historia, solo puede catalogarse como una jugada maestra. Por un lado, porque todos soñamos con ese Pokémon de nueva generación que, como pasó en su lanzamiento con Zelda Breath of the Wild, ponga patas arriba la industria y se convierta en estandarte de la consola; por otro, porque echábamos de menos esas primeras entregas. Ahora, Game Freak y Nintendo le han dado la oportunidad a los jugadores veteranos de ver su primera entrega (pues recordemos que Pokémon Amarillo era una pequeña revisión de Rojo y Azul) en todo su potencial, con un aire renovado pero manteniéndose fiel a la esencia.

El cambio principal está en la captura. Ahora ya no combatiremos contra los pokémon salvajes de forma aleatoria, sino que estos están desperdigados por el escenario y son completamente visibles, dándonos opción a ignorar el encuentro si queremos. Del mismo modo, no combatiremos contra estos pokémon: seremos nosotros como entrenador los que deberemos “enfrentarnos” a ellos, y para tal fin tenemos a nuestro disposición un montón de tipos de pokeball y bayas y diferentes artilugios para “debilitar” a nuestros futuros aliados y así atraparlos. Esta, junto con la opción de jugar a dobles y la completa renovación gráfica, es la mayor novedad que tenemos en Pokémon Let’s Go. Y, si bien entronca con el fenómeno de hace unos años de Pokémon GO, como jugador veterano he terminado algo aburrido de esta mecánica. Capturar da experiencia a todo el equipo, y mucha, pero acaba convirtiéndose en una suerte de síndrome de Diógenes en que acumulamos cientos de pokémon y nunca llegamos a entrenarlos ni hacerles demasiado caso. Sinceramente, al complemento de mando con forma de pokeball ni me he acercado, que soy un poco purista y me pasa como con Labo, no termina de decirme nada.

La curva de dificultad está algo desajustada al principio y los primeros combates contra entrenadores son excesivamente fáciles, pero cuando llegamos a un gimnasio la cosa se complica mucho. Esto no tiene por qué ser algo malo en sí, teniendo en cuenta que el reto del juego es conseguir las medallas y ganar la liga, pero el salto de categoría de una ciudad a otra se nota demasiado. Llegar a la Liga Pokémon, desde luego, también se convierte en un reto bastante grande, pero salvo estos momentos, en general he tenido la sensación de que este capítulo es considerablemente más sencillo de lo que recuerdo el Pokémon Amarillo original.

He querido empezar a hablar de estos fallos porque todo lo demás en Pokémon Let’s Go me ha maravillado y voy a poder aportar poco a todo lo que ya se ha dicho. El ejercicio va mucho más allá de la nostalgia y el resultado es un videojuego de categoría; un nuevo acercamiento a la saga. Las primeras ediciones de esta enorme franquicia ya eran adictivas, y encender la vieja Game Boy (la mía aún funciona), insertar el cartucho y darse cuenta de que la partida ya no existe siempre fue una buena excusa para volver a pasarnos la aventura. Con esta revisión del clásico, las sensaciones son las mismas. Ahora, sin embargo, tenemos la posibilidad de capturarlos a todos realmente; tenemos más objetos, nuevos personajes, nuevos objetos y ataques y, en general, un montón de nuevas posibilidades. Así mismo, se ha cuidado mucho la interacción con nuestro pokémon, pudiendo sacarlos de la pokeball y dejando que nos acompañen, ayudándonos a encontrar objetos secretos por el escenario. Nuestro compañero, dependiendo de la edición que elijamos jugar, será clave: podremos alimentarlo y jugar con él para que rinda mejor que nunca en los combates. En mi caso, la versión que he analizado es Let’s Go Eevee, y con una mecánica tan simple como ponerle ropa, acariciarlo o darle de comer, he sentido un vínculo con él como ya me pasara en su día con mi Pikachu en Pokémon Amarillo.

No hay duda de que esta generación de consolas ha sido, y sigue siendo, la de la nostalgia: la cantidad de remakes de juegos clásicos ha superado por mucho lo visto en anteriores etapas, y jugando a Pokémon Let’s Go me doy perfecta cuenta del por qué. Los jugadores nos vamos haciendo mayores y recordamos con cariño aquellos juegos con los que empezamos, pero algunas mecánicas, algunos hardware, no aguantan el paso de los años. Por eso, renovar una joya desde el respeto y el cariño y permitirnos darle una segunda vida es un ejercicio que Nintendo ha sido elevar a la máxima potencia con este lanzamiento. Solo nos queda esperar qué nos deparará el nuevo capítulo de la saga que saldrá el año que viene y, por supuesto, ¡hacerse con todos!

Gráficos
9
Sonido
9
Historia
10
Mecánicas
10

Summary

Odiado y amado a partes iguales.

Total Rating

9.5
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