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Outlast I & II

 

 

  Vamos a tirar la casa por la ventana con una reseña doble. En este caso, Outlast primera y segunda parte bien lo merece, pues ambas acaban de estrenarse en Nintendo Switch y hemos aprovechado para acercarnos a este juego de terror que teníamos en el punto de mira pero que aún no habíamos jugado. Por otro lado, primera y segunda parte difieren bastante entre sí, siendo que ambas aprovechan mecánicas similares e historias más o menos paralelas, pero la comparativa entre las dos ayudará a entender la evolución de esta saga que, a todas luces, terminará por cerrarse con una tercera entrega (¿apostamos?).

Outlast apareció hace ya la nada desdeñable cifra de 5 años en PC; dio el salto después a consolas y el éxito que ha ido acumulando lo ha llevado a la híbrida de Nintendo. El juego presentaba unas mecánicas de terror en primera persona que aprovechaban el estilo de aventura gráfica walking simulator para narrarnos las desventuras de un reportero en un manicomio donde los reclusos parecen haber dado un golpe de estado.

Hablemos de Outlast primera parte.

Desde que entramos en el manicomio, la dinámica queda clara: armados con nuestra videocámara y la opción de visión nocturna, deberemos correr y escondernos a medida que nos adentramos en las entrañas de una historia que tiene mucho de Saw, de Carpenter y de Until Dawn, sin ser demasiado original en su concepción pero sí en su desarrollo. Outlast bebe de muchas fuentes (de demasiadas, quizás), pero no por ello desluce un conjunto que consigue lo que busca: dar miedo. Algunas de las escenas del juego son memorables, y las mecánicas enfocadas sobre todo a la recolección de objetos y la huida hacia delante ayudan a que se sostenga una atmósfera de terror que no nos deja respirar y aliviar la tensión.

Con un estilo muy cinematográfico, Outlast nos ha puesto los nervios de punta. Su campaña de alrededor de 7 horas es una dosis letal de arsénico en forma de videojuego; y aunque es cierto que algunas situaciones son repetitivas, la historia tiene el suficiente atractivo como para ser una buena excusa para seguir avanzando, su apartado gráfico en Nintendo Switch cumple con creces y las mecánicas son imaginativas. Estamos ante una versión más mainstream de la fórmula Amnesia, aunque no tan refinada como esta. Jugarlo en modo portátil con los cascos puestos provoca más de un microinfarto. Los controles están muy bien adaptados y la tasa de frames y aspecto visual en general no deviene ninguna carencia apreciable con respecto a anteriores versiones.

Por apuntar a lo negativo, Outlast tiene demasiado presente sus influencias. Llega un punto en la historia en que todo se convierte únicamente en una retaíla de sustos sin más, que no parece llevar tampoco a ninguna parte. Le falta profundizar en sí mismo; encontrar su manera propia de dar miedo. Por suerte, como veremos ahora, lo hizo en la segunda parte.

Pasemos a Outlast parte dos. 

Aquí es donde está la crema. Pasado el susto inicial, la fórmula de Outlast se sofistica con esta segunda parte. De nuevo un reportero, un accidente de helicóptero y un pueblo americano del interior donde las nuevas cartas que baraja el estudio Red Barrels se han dejado ver en todo su esplendor. Y es que Outlast II es la madre del cordero. Si el primero bebía de diversas fuentes y mezclaba muy bien una serie de ingredientes, esta segunda parte tiene entidad propia. Tiene códigos que extrae del cine, pero que moldea según sus propósitos. En esta nueva aventura nos encontraremos con grandes espacios abiertos en el escenario; mecánicas para huir de los enemigos que incluyen escuchar con la cámara a través de las paredes, una historia mucho más inmersiva y que recurre mejor que nunca a la narrativa emergente para que el jugador sude la gota fría con cada escena. Y es que tampoco se queda atrás en macabro, donde si antes teníamos un terror un poco más “inocente”, aquí tenemos un horror más similar a La matanza de Texas.

Los gráficos pegan un salto evolutivo importante, llegando a plantearme si no es este el juego con mejores gráficos de la consola de Nintendo. La tecnología UnReal por fin se luce como es debido en la pequeña híbrida, y lo hace de lujo. Algunas de las escenas de Outlast II nos perseguirán allá donde vayamos. Está mejor implementado el sistema de inventario y menú, dejando de lado toda molestia en la pantalla que nos pueda sacar de la historia. También la IA de los enemigos se ha refinado, por lo que en ocasiones lo pasaremos realmente mal para huir. El balance entre luz y sombra, obligándonos en muchas ocasiones a llevar la visión nocturna de la cámara y pasando así más miedo, hacen que la tensión sea una constante en el juego.

Es sorprendente ver una secuela que no solo lo hace todo bien, sino que innova sin innovar. Es decir: no cambian demasiado las mecánicas de una entrega a otra, pero sí que lo hace la elección del escenario (mucho más acertado el pueblo que el manicomio) y, sobre todo, parece que el juego se comprende mejor a sí mismo. Outlast II lleva una dirección mucho más clara y mejor ejecutada que la primera parte, lo que lo convierte en un gran juego survival horror.

La colección Outlast se vuelve indispensable cuando pensamos que no hay juegos de terror que merezcan la pena en la consola. Tenemos una aproximación con propuestas como El conde Lucanor The Long Reach, pero lo que ofrece Outlast es un tipo de survival horror más clásico y con los valores de producción de un triple A. Otra hornada de esa suerte de Triple i, como se están denominando ahora a estos juegos independientes. Mucho mejor la segunda que la primera parte, aunque tampoco le quitemos mérito a esta. Outlast es una propuesta conservadora pero audaz, y su estreno en la consola híbrida de Nintendo la excusa perfecta para jugarlo y adentrarnos en un mundo de horror que te dejará en muchas ocasiones a punto de abandonar la partida.

Outlast I
7
Outlast II
8.5
Gráficos general
8.5
Mecánicas general
8

Summary

Outlast desembarca en Nintendo Switch con unas versiones impecables y muchas dosis de terror. Es bastante superior la segunda parte que la primera, y aunque hay conexiones que no se pueden obviar, lo cierto es que pueden jugarse perfectamente de forma independiente. Eso sí, es mejor tener la colección completa y dejarse arrastrar al mundo de pesadilla que supone este survival horror de la vieja escuela.

Total Rating

8.0
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