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Midori, la niña de las camelias

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Midori, la niña de las camelias

“Soy una niña de 12 años. Hace tres años, mi padre se marchó de casa y nos dejó solas a mi madre y a mí, pero luego mi madre se murió y yo no tenía adónde ir. ¿Qué camino debería tomar en la vida?”.

Así, presenta Midori su historia, con un principio desesperanzador y un futuro confuso, pero antes de adentrarnos en su infierno, hay que retomar al origen de su creación, entonces, entenderemos como su historia se ha convertido en toda una leyenda del underground y una figura de culto.

Portada Midori

Autor: Suehiro Maruo
Editorial: ECC Ediciones
Páginas: 168 págs. en b/n
Formato: Tapa blanda
Precio: 12,95 €

Todo empieza en la era Shōwa (1926-1989), cuando la popularidad del Kamishibai (cuentacuentos de láminas con imágenes y texto, que se originó en los templos budistas del siglo XII) estalla.

En ese momento, nace la obra Shōjo Tsubaki, cuya creación se le atribuye a Seiun Naniwa, aunque el plagio y las variantes de la historia hacen que su origen sea incierto. La obra, trata de una niña que de noche sale de casa a hurtadillas y vende flores para ayudar a su madre. La gran depresión de los años 30, hizo que aquel estereotipo de niña pre-adolescente e ingenua, quedara grabado en la memoria colectiva.

No fue hasta 1984, cuando Suehiro Maruo terminaría de asentar y dar forma a la historia, pero esta vez, de una manera más perturbadora. En este caso, hablamos sobre la reinterpretación de Maruo que realiza en Midori, la niña de las camelias (ECC Ediciones).

Midori, una niña huérfana, ingresa en una barraca de circo tras ser engañada con falsas promesas. El circo, está formado por seres deformes y monstruosos que hacen de la vida de Midori una pesadilla. Acosada física y mentalmente, aguanta día a día entre orgías enfermizas y extrañas desviaciones sexuales, hasta que la presencia de Masamitsu, un mago enano, cambia las cosas para ella.

Con grandes influencias en lo estético de La parada de los monstruos de Tod Browning, hasta con ese aire surrealista y confuso de David Lynch, Maruo, crea una obra intrigante, y no solo por la pederastia observable, sino por ese contraste entre lo puro y lo pervertido, ahí reside la fuerza de esta obra.

Una historia llena de metáforas y símbolos, ornamentada con un dibujo impecable de trazo fino, donde Maruo nos traslada a un camino donde solo parece haber desesperación, pero ese camino no acaba con él. Más tarde, en 1987, Hiroshi Harada se embarca en la adaptación al anime de la versión de Maruo.

Sería esta tercera etapa, la que acabaría dándole nivel de culto a la historia de Midori. La película, titulada Chika Gentō Gekiga: Shōjo Tsubaki, fue mal recibida hasta el punto que las autoridades japonesas incautaron y destruyeron las copias originales. El film se estrenó en 1992 en el antiguo santuario de Musashi Mitake, a las afueras de Tokio, donde se proyectaron los 54 minutos originales de la película.

A partir de ahí, la cinta se censuró y sufrió más de 26 modificaciones obligatorias por las autoridades. Aún así, en la edición actual todavía se mantienen las escenas donde la protagonista es abusada sexualmente por varias personas, al igual que en las que golpean a un perro hasta la muerte.

En los 90, la cinta original se envió fuera de Japón para emitirse en diversos lugares. Cuando regresó, las autoridades la destruyeron. Afortunadamente, Harada tenía un duplicado, cuya versión es la que actualmente está en circulación. Lamentablemente, se desconoce qué pasó o en qué consisten los seis minutos originales perdidos.

No solo fue la censura lo que marcó a la adaptación, sino también lo imposible de su gestación y distribución. Ninguna productora se atrevió a financiar el proyecto, así que Harada decidió realizar él mismo la obra fotograma a fotograma, hasta un total de 5000, tardando cinco años en terminar la película. Todo esto sumó a la hora de encumbrar a la pieza audiovisual al escalafón de culto.

En 2016, la directora Torico estrenó en los cines japoneses, una versión con actores reales protagonizada por la modelo Risa Nakamura. Y aunque de manera menos conocida también hubo adaptaciones teatrales, aquí debemos de cerrar el trayecto por el que nos ha conducido Midori.

“He caminado por aquí antes, es un camino sin final. Cuanto más adentro vayas, más oscuro se vuelve”. Y cuanto más perdura la historia de Midori, más profundidad hay en su estereotipo. Y realmente, algo tiene que engancha, quizás su estética, quizás lo bizarro, quizás lo triste, todo hace que merezca la pena conocer el camino de Midori y sobretodo perderse en la historia de Maruo. Si lo haces, deja migas por el suelo por si no vuelves.

Podéis adquirir el libro aquí: ECC Ediciones

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