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Mangas que queremos ver publicados en español. Segunda parte

Seguimos con la lista de mangas que queremos ver publicados en español, y en esta segunda parte hablaremos de autores previamente editados. Dentro de esta categoría, hay obras que se olvidaron en el tiempo y quedaron descatalogadas; y otras cuya edición nunca llegó a desembarcar por diversos motivos. Y sabemos que el mercado editorial tiene sus luchas por hacerse con las licencias y su burocracia interna, al igual que sus cuotas de ventas y sus complicaciones con la traducción, pero por pedir que no quede.

Obras de autores ya editados

Hikari Club y Palepoli de Usamaru Furuya

Usamaru Furuya nació en Tokyo en 1968, graduándose en la Tama Art University, considerada una de las mejores universidades del país. Se especializó en pintura al óleo y desarrolló un claro interés por la escultura y la danza Butō (un estilo de baile que involucra movimientos lentos, expresivos e imaginativos para retratar aspectos de la existencia humana).

Desde bien joven tuvo una gran atracción por el manga, realizando hasta un curso de dibujo por correspondencia del famoso Osamu Tezuka, donde encontró su propio estilo. Más tarde, en el instituto, su trazo tendió hacia una estética más oscura y underground; y tras la universidad dio un salto de lo figurativo a lo abstracto. Y aunque había planeado dedicarse a la ilustración al graduarse, fue tal su éxito como mangaka que esto le hizo cambiar su destino, dedicándose plenamente al mundo de las viñetas.

Hikari Club (EDT/Glenát, 2012, descatalogada) fue la primera obra editada en español de Usamaru Furuya. El manga, es la adaptación del drama expresionista Litchi Hikari Club representado por la Tokyo Grand Guignol, una obra que Furuya vio de joven y le causó una profunda impresión.

La trama describe a un grupo de jóvenes que se reúnen en un almacén abandonado creando un club secreto, donde sus miembros tienen puestos todos sus anhelos en complacer a su líder, Zera. El club tiene una estructura piramidal que hace de cada uno de ellos una pieza clave en el organigrama de la misión que tienen encomendada. Pero esta misión terrible y sanguinaria se les escapará de las manos. Toda una surrealista comedia de terror que le abrió las puertas a Furuya del mercado español y que debería de rescatarse del olvido.

Por otro lado, tenemos Palepoli (1994), la primera obra serializada de Furuya en la mítica revista Garo. Este experimento en formato manga, nace de la inocencia de Furuya de no conocer los estilos y métodos más convencionales, lo que da lugar a un apartado gráfico increíble.

El mangaka desarrolla en una estructura de cuatro viñetas, ciertos gags que van acompañados de un estilo de dibujo donde imita desde el arte pictórico clásico europeo hasta el manga de trazo humorístico de Fujio Akatsuka, dando rienda suelta a su creatividad. Ciertamente, ni por contenido ni por formato, es un producto para todos los públicos, pero tiene suficiente calidad creativa como para que apuesten por él.

Elegía roja y el resto de obras de Seiichi Hayashi

Seiichi Hayashi nació en Manchuria en 1945. Comenzó a trabajar en la animación en 1962, antes de dibujar manga. Sus comienzos en las viñetas están ligados a la revista Garo, lo que potenció su fama tras la publicación de Elegía roja (Ponent Mon, 2008, descatalogado), una historia donde un joven que quiere ser mangaka tendrá que lidiar con su compleja relación sentimental, batallar contra sus familiares y superar los obstáculos laborales que le impiden ser feliz. Todo parece ser una historia al uso, pero su compleja narrativa y su estilo de dibujo variado, desde la caricatura hasta el cubismo, hace del cómic algo único.

Y aquí no acabó la historia de Elegía roja. Fue tal su repercusión que se convirtió en un fenómeno social tanto que inspiró al cantautor Morio Agata una canción homónima que vendió más de medio millón de copias en Japón. Más tarde, en 2007, el propio Hayashi dirigió una película de animación de media hora basada en su historia, de la mano de Toei Animation, que fue recomendada por el jurado de la Japan Media Arts Festival.

La obra tuvo también diversos reconocimientos. Publishers Weekly lo consideró el tercer mejor manga de 2008 y en 2009 fue nominada a los Harvey Award, en la categoría de La mejor edición americana de material extranjero. Recolectó a la par miles de críticas positivas por la prensa de medio mundo, de las cuales me quedo con esta que sintetiza a la perfección el manga: “la capacidad de transmitir la incapacidad de expresión de los personajes, es esencial y es lo que hace única a la obra”.

Al igual que con otros autores de la lista me es más fácil proponer una obra a editar, con Seichii Hayashi me es imposible. Por esto mismo, lanzo la propuesta de la edición de todas sus obras traducidas al inglés. Todas ellas editadas y traducidas por Ryan Holmberg.

Por un lado tenemos Red Red Rock and other stories 1967-1970, donde se recopilan decenas de historias del autor en un tomo de más de 250 páginas, desde sus inicios hasta sus últimos trabajos en la revista Josei Jishin. Por otro lado está Flowering Harbour donde Hayashi recurre a un estilo gráfico más parecido al gekiga y plasma el sentimentalismo clásico del enka (básicamente baladas que combinan la música moderna occidental con un estilo claramente japonés). Y por último, Gold Pollen and Other Stories donde se recopilan importantes obras de Hayashi como Red Dragonfly o Yamauba’s Lullaby. Un autor en mi opinión, poco conocido y reconocido, del que deberían de hacerse eco las editoriales del país.

Dragon Head y Tokyo Kaido de Minetaro Mochizuki

Minetaro Mochizuki nació en 1964 en Yokohama, el centro industrial y de negocios más importante de la prefectura de Kanagawa. Se matriculó en la Academia de diseño de Tokyo y empezó a publicar a sus 19 años. Su primer trabajo fue Bata-ashi Kingyo publicado en la revista Young Magazine que fue un gran éxito en la segunda mitad de los 80. Más tarde comenzaría su trayectoria como maestro del terror con su ya conocida obra La Mujer de la Habitación Oscura (EDT/Glénat, 2005, descatalogada), cuya etapa acabaría con Dragon Head (EDT/Glénat, 2001, decatalogado).

Y aunque exclusivamente Dragon Head no sea una obra de terror puro, tiene elementos importantes de ello. Fue la primera obra en desembarcar de Mochizuki por estos lares, y sumado a su dibujo y gran guión, no tardó en hacerse valer. Pero su obra se volvió difícil de conseguir, y los problemas internos de la editorial hicieron imposibles su reimpresión o nuevas ediciones.

El manga nos cuenta la historia de Teru, un joven que vuelve a casa en tren después de una excursión escolar, pero el tren descarrila y mueren casi todos a bordo. En medio de la sangrienta carnicería, Teru descubre a dos sobrevivientes más, y lo que parecía una buena noticia se irá transformando en una pesadilla.

Lo que tiene Dragon Head que hace que esté en la lista, es su mezcla de géneros, desde la aventura hasta el terror psicológico o el drama y el misterio. Una saga redonda, intensa y original que merece una nueva edición, al igual que su otra saga mítica Maiwai (EDT/Glénat, 2007, descatalogado) de la que hablaremos en algún otro post.

Tokyo Kaido (2008) representa un salto en la carrera de Mochizuki, al menos en el apartado gráfico, donde muestra un dibujo más limpio y menos expresivo, pero donde a la vez, hay una composición de las viñetas y una narrativa muchísimo más trabajada. Para muestra, su obra editada por ECC titulada Chiisakobe (2016).

El manga nos narra la historia de cuatro protagonistas, dos niños y dos adolescentes, y sus poderes particulares. Por esa cualidad están encerrados en una clínica para pacientes con problemas mentales. Pero, ¿quiénes son sus cuatro protagonistas?. Está Hashi , un joven de diecinueve años que no puede mentir; Hana, una chica que disfruta repentinamente de orgasmos despreocupada del lugar y las personas que la rodean; Mari, una niña de seis años que vive en un mundo donde no puede ver ni interactuar con los seres humanos; y finalmente está Hideo, un niño de diez años que cree que es un superhéroe y dice estar en contacto con extraterrestres.

Editada únicamente en francés, es la oportunidad ideal para que un autor tan prestigioso e interesante como Mochizuki vuelva al hall de la fama que se merece.

Sé que hemos hablado en esta segunda parte sobre pocos autores, pero el espacio no nos da para más. Aún así, seguimos sugiriendo futuras reediciones en el siguiente resumen.

Del inclasificable Shintaro Kago deberían rescatar Reproducción por Mitosis y otras historias y Fraction, dos obras tan locas como interesantes. De Taiyō Matsumoto estaría Takemitsu Zamurái, una serie de 8 tomos fácil de volver a editar. De Kiriko Nananan tendríamos El amor duele, tomo único, tanto en el formato como en la historia. Y seguiríamos con la lista con nombres como Hideo Azuma y Diario de una desaparición (a publicar su segunda parte también, nunca editada), Tomoko Ninomiya y Vidas Etílicas, etc…

Todas, obras interesantes que podrían volver al mercado algún día, y eso deseamos, que se edite más, que se reedite más y que se apoye más a una industria que hace un gran trabajo por acercarnos un trocito de cultura nipona.

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