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Malas compañías

Malas compañías ganó el premio revelación en el Festival Internacional del Cómic de Angouleme en 2017. Un aval que despeja dudas sobre la calidad de la obra, pero sumergirse en la lectura de la obra de la autora coreana Ancco supone un esfuerzo dramático. Ya hablamos a nuestros lectores hace tiempo en este genial artículo de Frank Frames sobre manhwa, el cómic surcoreano que es menos conocido que su hermano mayor el manga japonés. Malas compañías es el primero que leo y tengo el placer de reseñar.

“Ya sé que sois solo unas crías. Pero, qué remedio, hay que ganarse la vida. Yo también me fui de casa con tu edad y vivo así desde entonces. Ya lo soluciono. Tú vete a casa. Y no vuelvas por aquí.”

Guión: Ancco
Dibujo: Ancco
Editorial: Astiberri
Páginas: 176
Formato: Tapa blanda con solapas. Blanco y negro
Precio inicial: 16€

Sinopsis: Jinju es una chica mala. Fuma, se mofa de sus profesores, no vuelve a casa para dormir. Su padre no sabe reaccionar más que con los puños. En el instituto, son las antiguas alumnas las que propinan palizas a las nuevas. Ya sea en casa, en clase o en la calle, la violencia es omnipresente en la vida de las jóvenes coreanas.

Con quince años, Jinju conoce a Jung-ae, con la que entabla una relación de amistad muy intensa, y ambas deciden fugarse. Esa amistad se convierte en su refugio, pero también en una peligrosa escapatoria hacia el mundo de los adultos… 

Los que leemos cómic llegado desde oriente estamos acostumbrados al manga, y en esta misma web tenemos el placer de poder leer las reseñas, noticias y análisis de este mundillo que realiza nuestro redactor Ken Takato. Sin embargo, la lectura de este manhwa de carácter dramático y realista me ha hecho darme cuenta de lo semejantes y diferentes que son; de lo poco que conozco sobre el arte en viñetas que se desarrolla en Corea del Sur.

Lo primero que me llama la atención es el dibujo de Ancco. Esta autora, nacida en Seongnam tiene un estilo oscuro, falto de detalles en los escenarios, como si una bruma oscura cubriera el fondo y tan solo los personajes, que a su vez desprenden un aura gris, fueran relevantes. En esto me recuerda a ciertos autores japoneses como Hideshi Hino, pero hay una diferencia enorme en la forma de distribuir la viñeta. En Malas compañías las páginas aglutinan tan solo tres o cuatro grandes viñetas, mostrando una acción pausada, reflexiva. El cómic destila violencia; todo el mundo ataca a la protagonista, sufre maltrato de su violento padre, de su novio, de sus compañeras de clase… Claro que esta violencia ni siquiera es demasiado gráfica: la autora pasa de puntillas por estas escenas y nos muestra escorzos que tapan la acción, planos generales y grandes splash que avivan el fuego, pero resultan al mismo tiempo elegantes. El trato de la violencia en otros cómics hace que esta pierda fuerza, que se retrate como una parodia, mientras que Ancco logra general un repulsión total en el lector.

Resulta descorazonador saber que la obra Malas compañías es autobiográfica, pues los personajes que retrata luchan entre un mundo dividido en la tradición y la modernidad, alejado del descomunal ruido y luz de la Corea del Sur que conocemos y se adentra en la parte rural, tradicional. No es de extrañar, pues, la fama de esta autora que retrata un mundo que nos queda muy lejos de lo que solemos conocer de este país. La Corea del Sur de los años 90, la parte deprimida del país, amén que la lucha por la identidad y el descubrimiento del mundo adulto desde un punto de vista feminista… Una vez que uno se pone a enumerar la cantidad de temas contenidos en estas apenas ciento setenta páginas, no puedo evitar quedarme pasmado. A nivel estilístico, mi primera lectura de manhwa me ha parecido un contraste interesante con el manga. En cuanto a la primera obra que leo de Ancco, la experiencia ha sido desazonadora, deprimente, pero en el mejor de los sentidos. Una obra dura, real, que destila lo más importante que puede tener una obra artística: honestidad.

Podéis adquirirlo aquí: Astiberri. 

Ancco (Seongnam, Corea del Sur, 1983) empieza a dibujar muy pronto, y sus primeros lectores la descubren en 2003 cuando publica en internet un cuaderno personal de dibujos, que tendrá a continuación una exitosa edición en papel. Cogiendo como base episodios de su propia vida, retrata sin indulgencia una sociedad surcoreana que se debate entre tradición y modernidad, atormentada por los fantasmas de su historia y atosigada por la civilización materialista occidental. Ancco aparece como portavoz del malestar y de la angustia de la juventud surcoreana y se ha convertido en una referencia para toda una generación.

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