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Los mundos de Jodorowsky

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A sus casi noventa años, Alejandro Jodorowsky ha dejado el mundo del cómic temblando y de rodillas tras publicar algunas de las más extrañas y eclécticas novelas gráficas. Reservoir Books publica en España y en formato integral algunas de las historietas del autor chileno que más conmocionaron el mundo del cómic, incluyendo una continuación de su mítica cinta El Topo.

A poco que te guste el cine independiente, de autor, esas cintas que deambulan entre lo simbólico y lo sublime con la soltura de un equilibrista, habrás pasado algunas horas enganchado a las cintas del psicomago. Alejandro Jodorowsky (Chile, 1929) puede ser odiado o amado; comprendido o ridiculizado, pero es imposible mostrar indiferencia ante su prolífica carrera artística. Vinculado al cine desde temprano, terminó por emigrar de Chile y recabar en México, para terminar en París, donde sus artes tras la cámara fueron mejor acogidas. Nunca exento de polémica por su gusto al mostrar sexo y violencia, poniendo el dedo en la llaga de toda moral que se atreva a censurar el Arte (así, en mayúsculas) desde hace casi un siglo, los trabajos cinematográficos de Jodorowsky sufrieron el revés en los años setenta de no ver realizada su cinta más ambiciosa: la adaptación de la novela Dune, de Frank Herbert. De esta producción, rodeada por anécdotas hilarantes y descabellados planes que se recogen con tremendo acierto en el documental Jodorowsky’s Dune (2013) de Frank Pavich. La tesis final de este trabajo es que, sin aquella película que jamás fue rodada, gran parte del cine de ciencia ficción que hemos disfrutado (Alien, Star Wars…) no existiría.

Osada afirmación, hasta que veas el documental.

Jodorowsky en viñetas

Ahora bien, los mejores artistas sacan del fracaso una nueva fuerza. En el caso de Jodorowsky, en el papel pudo encontrar la pantalla de cine que tanto había estado esperando. Y, aunque su labor cinematográfica sea considerable, interesante y relevante, me atreveré a decir que su trabajo en el mundo del cómic ensombrece a esta. De su asociación con el dibujante Jean Giraud (conocido como Moebius, Francia, 1938) para dibujar los storyboards del proyecto Dune nacería el cómic El Incal (1980-1988), una magna obra de ciencia ficción en que ambos autores volcarían muchas de las ideas que habían de, en palabras del propio Jodorowsky, “violar la obra de Herbert desde el amor”. Las aventuras de John Difool, un antihéroe en forma de detective, en la búsqueda de la iluminación entroncan directamente con Paul Atreides y su conversión en Mesías. El dibujo de Jean Giraud explota en el color que solo la ciencia ficción es capaz de mostrar, haciendo entornar los ojos en ocasiones al lector para no ser cegado por el neón.

Y, aunque El Incal ha sido reconocida como una de las más importantes sagas de ciencia ficción del cómic, a la zaga le anda La casta de los Metabarones (1998-2003), lo que podríamos denominar la obra de hardcore science fiction del psicomago chileno. La historia de una familia real galáctica, en sus luchas de poder y a lo largo de cientos de años, esconde también muchas de las ideas recicladas de Dune; como por ejemplo el padre de familia castrado, que insemina a su mujer con una gota de sangre, dando esta a luz a un joven muy especial. Estaba iba a ser la historia que se contara del duque Leto Atreides en la película, interpretado por David Carradine. Las pistas sobre esta historia y la casta que la protagoniza, los Metabarones, aparecía ya mencionada en El Incal; una narración que se inspira en las tragedias griegas pero pone el punto de mira en la ciencia ficción más dura, un canto a las sagas de Dune y Fundación (Isaac Asimov, 1951). Buena parte de la culpa del tremendo éxito (en Estados Unidos llegó a publicarse un juego de rol narrativo basado en la obra) se debe sin duda a los excepcionales lápices del argentino Juan Giménez, que supo adaptar con precisión de cirujano las elucubraciones del psicomago. La saga dio pie a una precuela, con guion de nuevo de Jodorowsky pero dibujo de Das Pastora.

La de más reciente aparición en edición integral es Juan Solo (1997), reeditado ahora por Reservoir Books y dibujado por Georges Bess, quien ya trabajara con el artista chileno en el cómic El lama blanco (1993-1998); en sus páginas sepia llenas del color de la sangre y la lujuria se nos narra la historia de Juan Solo, un chico huérfano en una ciudad de latinoamerica en que el crimen organizado campa a sus anchas y llena las aceras de cadáveres. Un chico sin pasado ni futuro que se abre camino hasta llegar a lo más alto. Pero el precio por pecar, es matar o morir.

Esta última publicación en español, que se suma a la labor de compiladores de Reservoir Books que ya han reeditado El Incal, La casta de los Metabarones y que se han encargado de editar en castellano el primer volumen de Los hijos del Topo (2016), continuación de la película que abrió las puertas a nivel internacional al autor, viene a mostrar la parte más cínica y dura del psicomago, no exenta del gusto por el misticismo y la metafísica, pero una rara avis dentro de la producción de novela gráfica de Jodorowsky. En las páginas de Juan Solo se encuentran muchos puntos en común con la primera parte de El Topo (1970); la historia de un pistolero y la sed de sangre. En las primeras páginas de la novela gráfica vemos a un enano travestí recoger al bebé y dárselo de amamantar a una perra recién parida; un eco de los Rómulo y Remo de la mitología romana, del mismo modo que El Topo evocara la figura de Jesucristo como vehículo de la redención y el perdón para el pistolero.

La influencia de la psicomagia

Entender los mundos de Alejandro Jodorowsky es entender su cabeza. Buena suerte con eso. La llave que nos ha otorgado el artista chileno es su teoría de la psicomagia, cuya definición ocuparía mucho más de unas pocas lineas. Bastará con señalar que es una práctica a medio camino entre las terapias alternativas y la meditación trascendental, en que se busca la curación a diversos males de la vida a través de dialogar con el subconsciente. Para esto, Jodorowsky propone llevar a cabo diferentes y sencillos “rituales”. Famoso es el ejemplo de pegarse dos monedas a las suelas de los zapatos para caminar sobre abundancia y así atraer esta a la vida.

Como otros grandes artistas (David Lynch, Salvador Dalí…), Alejandro Jodorowsky propone que la verdad de su obra artística, si es que algo como la verdad existe, radica en el subconsciente, y que crear no es tanto inventar como sumergirse a extraer aquello que duerme allí. El cine de Jodorowsky ya ha sido todo lo criticado y alabado que merece; para unos, genialidad, para otros, indiferencia. Muchas de las escenas de estas remiten al mundo de lo onírico, del mismo modo que sucede en su cómic. Tal vez, en las páginas de un cómic y sin las limitaciones propias del cine, es donde el psicomago ha podido mostrar una parte genuina de ese subconsciente, expandir su teoría y dotar a los actos psicomágicos de un ejemplo fidedigno para el común de los mortales. El protagonista de Showman Killer (2010) es capaz de variar su cuerpo a voluntad con el pensamiento; la simbología de Juan Solo remite al choque de religiones y a los ritos de iniciación en la vida adulta; la concepción de la ciencia ficción en La Casta de los Metabarones y El Incal roza con el más profundo misticismo y el estudio de la mente humana.

Sin embargo, si buscamos una verdadera relación entre las teorías del Jodorowsky psicomago y el Jodorowsky autor de cómic, podríamos encontrarla en algo mucho más simple. El movimiento. La teoría de la psicomagia, sea esta cierta o no es otro debate, propone una serie de rituales que conectarán con el subconsciente, que a su vez conectará con la realidad. Es decir, que es el acto, el movimiento, lo que hace girar una rueda invisible. Este tema recurrente está presente a lo largo de toda la obra del autor: al inicio de la cinta, el Topo le hace enterrar el niño su primer juguete y la fotografía de su madre como rito de paso a la edad adulta; en La Casta de los Metabarones los Metaguerreros se inician a través de un ritual de dolor. La obsesión de Jodorowsky podría resumirse en el movimiento: un tipo de meditación que parece chocar de golpe con la meditación trascendental que practican y defienden otros artistas. Frente al cerrar los ojos y practicar la introspección, el psicomago propone actuar, siempre actuar, un ritual que entronque con nuestros deseos, traumas y bloqueos del subconsciente. Algo que, de nuevo, vuelve a tender un puente hacia Dune, que comienza su primera novela con el ritual de las Bene-Gesserit, y la conversión de Paul Atreides a través de la melange.

Temas recurrentes que parecen haber obsesionado a Alejandro Jodorowsky, para quien el paso del tiempo no parece afectarle. En sus propias palabras, “vivirá miles de años”. No creo que sea algo literal, pero lo cierto es que la obra del autor chileno ha calado muy hondo: director de cine de culto, pero también uno de los guionistas de cómic más excepcional que ha dado el mundillo. Pese a quien pese.

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