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Los mundos de China Mièville

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Hace un tiempo hablábamos en esta misma web de Alejandro Jodorowsky en su vertiente de autor de cómic. Siguiendo esa línea, hemos pensado que la figura del autor es tan importante como la obra en sí, por lo que queremos compartir los perfiles bibliográficos de aquellos que más nos interesan. Empezando hoy por China Mièville y su extraña visión de la ciencia ficción, el weird, la fantasía….y, en general, de la literatura.

Como muchos, yo le debo mi acercamiento a Mièville a la labor de recuperación de Nova, el sello de ciencia ficción y fantasía de Penguin Random House España. Nacido en Londres en 1972, China Mièville ha ganado el Hugo, el World Fantasy Award y el Arthur C. Clark. Una trayectoria que ha dejado demostrada su calidad como narrador, y que le ha llevado a explorar la ciencia ficción y la fantasía desde puntos muy particulares. Quizás en castellano le deba su fama a La estación de la calle Perdido, la que fuera la primera parte de su trilogía Bas-Lag, una novela que ha calado profundamente en el imaginario colectivo cuando nos referimos a Género (así, en mayúsculas).

La estación de la calle Perdido, reeditada recientemente en una elegante edición y cuyas primeras páginas podéis leer aquí, es la historia de una ciudad, Nueva Crobuzon, y de las tramas oscuras y retorcidas que la gobiernan, de la lucha entre pobres y ricos. La manera que tiene Mièville de acercarse a la ciencia ficción, o la fantasía, o cómo quiera catalogar el lector estas distopías, me ha recordado a una de mis novelas favoritas: La naranja mecánica de Anthony Burguess. En esta, el nadsat, esa suerte de idioma/cultura adolescente produce una extrañeza en el lector que lo aleja del mundo en que se desarrolla la trama. Algo parecido hace La estación de la calle Perdido, obligando al lector a pararse a mirar detrás de cada esquina, pues empezamos por no entender nada, y acabamos sumergidos hasta el cuello en la cabeza del autor.

La novela que inaugura una atípica trilogía que puede leerse por separado y donde se dan cita la magia, la ciencia ficción más retrofuturista y una suerte de cyberpunk o biopunk que es muy complicado de catalogar. Lo cierto es que tratar de aventurar cualquiera sinopsis sobre esta trilogía, o esta primera parte en particular, sería un riesgo que no estoy dispuesto a correr. Así que dejaremos que sea la propia novela la que hable:

 

Se movieron entre las filas de deformes y obesos, de grotescamente hirsutos, de enanos. Isaac señaló de repente sobre ellos el cartel que acababa de divisar. ¡EL REY GARUDA! ¡SEÑOR DE LOS CIELOS! Dekhan tiró de la pesada cortina. Intercambiaron miradas y entraron.

A esta le seguiría La cicatriz, que ahonda en la mitología de la ciudad en su vertiente más steampunk y cuyo eje central es la esclavitud, la búsqueda de identidad, continuando con la obsesión de Mièville sobre la lucha de clases en entornos grotescos y llenos de fantasía. Lo cierto es que esta segunda entrega impacta menos, viniendo de la anterior, pero es una novela redonda igualmente. No aduce de los problemas de ritmo que me han asaltado en la tercera y final entrega, El consejo de hierro. En esta novela que echa mano de la trama política y más puramente conspiranoica y de intriga es donde la saga pierde algún punto, en mi opinión, y con ello cierto interés. Queda lejos de los tiempos de La estación de la calle Perdido, pero uno no puede haber recorrido ya todo este camino y quedarse a las puertas del fin de la trilogía. Máxime si queremos tener toda la colección, que ya os digo que queremos, pues la reedición de Nova es elegante y lujosa (tapa dura, mapa en el interior, bonitas y conceptuales portadas), aunque adolece de algunos problemas de traducción. En ciertos momentos hay aliteraciones que, ya os digo yo, que no hay en el original y quizás a causa de esto haya puristas que se lleven manos a la cabeza. Aún así, leer a China Mièville en inglés no es moco de pavo, y la labor de los traductores es admirable.

Alejados ya de la trilogía Bas-Lag, y en la misma linea de estas reediciones, nos encontramos con la que ha sido mi novela favorita del autor: La ciudad y la ciudad. En esta obra a medio camino entre la ciencia ficción y la novela negra, con un toque muy Blade Runner, dos ciudades gemelas pero contrarias comparten una débil tregua, una frontera difusa e invisible y muchos secretos. Una mujer aparece asesinada en Beszel y el detective Borlú es el encargado de esclarecer los hechos. No solo por la tensión, por lo bien manejada que está la trama noir o por lo acertado de su prosa (y extensión) sino porque el autor juega a esconder secretos a simple vista del lector. Y eso es complicado de hacer bien. De esta novela, cuya lectura no puede parar de recomendar, se llegó a estrenar una serie que, con sus luces y sus sombras, es una adaptación que no está mal. Podéis leer las primeras páginas por cortesía de Nova aquí.

Estas son las principales reediciones que Nova ha publicado del autor, aunque me he dejado fuera Los últimos días de Nueva París porque no he tenido ocasión de leerla y Embassytown por la misma razón. China Mièville es una de esas rara avis dentro del mundo de la literatura que surge una vez cada poco tiempo. A los amantes del género, les diré que leerlo es como enfrentarse a lo desconocido; mirar al abismo y comprobar cómo te devuelve la mirada. Estamos, probablemente, ante una de las mejores voces que ha dado esta generación dentro y fuera del género y la lectura (o relectura) de sus obras se ha vuelto ahora algo obligatorio gracias a esta biblioteca de autor que se está publicando.

¿Qué nos depara por parte de Mièville? Solo el tiempo lo dirá: quizás un tiempo tan retorcido y distópico como los mundos que acostumbra a narrar. Por ahora, podemos disfrutar de la adaptación de BBC de La ciudad y la ciudad y de las reediciones que va publicando Nova. Pero los que vais a leer a este extraño autor, os diré lo mismo que a Dante: “Perded toda esperanza al entrar”

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