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Los ojos bizcos del sol, parte 2

Antisolar

Tratando de articular un discurso coherente para sacar adelante una reseña de Antisolar, la segunda novela que emerge de la simbiosis entre Emilio Bueso (Castellón, 1974) y la editorial Gigamesh (R’lyeh, 1999) y segunda parte de la trilogía Los ojos bizcos del sol, una saga cuyo nombre odiaré hasta el día en que me muera, he caído en la cuenta de que toda reseña sobre este libro es inútil. El objeto de una reseña es alabar una obra o despreciarla; aportar puntos positivos o negativos; otorgarle el estatus de merecedora de dos tardes de lectura o relegarla a la estantería de saldo. Y ninguna de estas cosas dependen realmente de la reseña en sí: todo esfuerzo por definir la obra de Bueso es absurdo. 

“El caso es que aquella vida en el vaho se nos hacía un tanto hermosa. Turbidez por doquier, penetrable o no. Construcciones humanas pobladas por la fauna local, lo mismo que aquellos hombres. Muchas preguntas revoloteaban, y qué.

Autor: Emilio Bueso
Editorial: Gigamesh
Páginas: 288
Formato: Tapa dura
Precio: 32€

Sinopsis: Esta es la crónica de cómo viajamos hasta la cara oculta del mundo para alcanzar lo más hondo del agujero. De cómo hicimos para atravesar latitudes adonde jamás ha llegado la luz del sol, adonde la oscuridad lacera y muerde con la fuerza de los glaciares. Seguimos adentrándonos con determinación en la negrura terminal. Seremos leyenda o pasto de la mente colmena.

Esto no va a ser una carta de amor al autor. Bien sabe él lo crítico que he sido, desde la amistad que nos une, con sus obras, sus manías y sus ideas. Y es que cada vez entro menos en sus mundos; cada vez me cuesta más identificarme con sus historias, querer a sus personajes. Antisolar es un spoiler en sí mismo, y hablar de ella como si el lector no hubiera leído la primera parte, aquella locura editorial llamada Transcrepuscular, con edición de oro y de plata y con stock limitado, todo ello pensado para exprimir económicamente al lector, dejaría prácticamente vacío el cuadro de texto. Si no has leído la primera parte, no tiene sentido que empieces por la segunda. 

Pero claro: escribir esta reseña hablando de todos los spoilers y giros de trama de la primera parte, tampoco nos prepararía para esta segunda. Aquí Bueso ha seguido la tendencia que estableciera con la primera parte: dar bandazos por un mundo que solo él conoce. Esto es, dejarle al lector un GPS en un idioma cirílico desconocido con la voz de Hunter Thompson indicando la salida correcta con acertijos. Y esta es la mejor definición que puedo dar de la trilogía Los ojos bizcos del sol. No es fantasía; no es ciencia ficción. Es un híbrido entre ambos, más semejante a una masa de células mutadas que a un niño risueño y sonriente.

Pero los problemas que tuve con las últimas obras de Bueso (él sabe que no le perdonaré un despropósito como Extraños Eones), se desvanecieron en parte con Transcrepuscular y desaparecen casi por completo con Antisolar. De hecho esta segunda parte me ha gustado más que la primera, cosa extraña en una época en que las segundas partes cuestan tanto, y la voz engalonada de un autor que no me dejaba disfrutar de sus historias ha encontrado, a mi juicio (y esto es lo mismo que decir NADA) un equilibrio con su propia singularidad. Corrígeme si me equivoco, pero aquí tengo la sensación de que Bueso disfruta con su propia historia, algo que llevaba tiempo sin encontrarme. Tenemos una poderosa voz, claro, tenemos la ruptura de estándares, desde luego (algo arriesgado, teniendo en cuenta que aún no he leído nada del autor que no intentara romper unas bases en las que nunca le he visto trabajar), tenemos el magnífico personaje de Trapo, posiblemente lo mejor que el autor ha escrito jamás, y tenemos todas esas puñaladas que Bueso conoce tan bien. Pero hay algo más tras esta trilogía: hay un sentido, un por qué, un destino, un camino claro. En entrevistas, el autor se jacta de su worldbuilding, que está muy bien, pero creo que es mayor su logro como constructor de tramas. Por primera vez desde los tiempos de Cenital, la trama de Bueso en una novela no me hace aguas por ninguna parte. Puede interesarme más o menos por momentos; puedo comprarte o no el tema de los caracoles y la simbiosis y el parasitismo, pero todo tiene un sentido. O, al menos, parece tenerlo. No quiero casarme con esta trilogía hasta que lea la tercera parte, que probablemente llegará el año que viene si Gigamesh continúa este ritmo de publicaciones. O lo mismo nos dan la sorpresa y llega en navidades, pues Bueso es un poco Grinch de la literatura.

Los ojos bizcos del sol se postula como una magnífica rareza en el género español, una obra que debería ser traducida y ponerse frente a frente en librerías con la Southern Reach de VanderMeeer o con los cuerpos de Cixin Liu, y sentarnos a ver qué pasa. Al César lo que es del César: esta trilogía está llena de imaginación, llena de sorpresas y llena de carisma, y Bueso como autor está demostrando(me) que cuando quiere, puede. He sido muy crítico con sus dos anteriores novelas (Esta noche arderá el cielo, la que he aprendido a querer en posteriores lecturas y que ha pasado de fallida para mí a respetada, y la infame Extraños Eones, que no soporto y no acepto pese a arrancar con el mejor escenario que ha usado el autor en alguno de sus libros), pero esta trilogía está estableciendo una extraña relación conmigo como lector. Antisolar se me atragantó y la dejé; volví a ella tras releer Transcrepuscular y ya no conseguí soltarla. ¿Qué pasa con los mundos de Bueso? Pues que no puedes adentrarte en ellos como si nada: es una expedición, no un paseo por el bosque. Tienes que llevar la mochila hasta arriba, oxígeno, ropa adecuada y dejar hecho el testamento. Y, si sales vivo, dejará una marca en tu espíritu que solo el tiempo juzgará como positiva o negativa. Pero dime, ¿cuántos autores consiguen algo así?

Podéis adquirir el libro aquí: Gigamesh

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