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GOD OF WAR

Kratos nunca había estado mejor. La fórmula de acción, violencia, diseño artístico de infarto y una producción a la altura de lo que Sony Playstation nos acostumbra ya hizo sus pinitos y encandiló al más pintado cuando apareció el primer God of War, allá por los ignotos 2005. Nada menos que trece años han pasado desde que este guerrero espartano se las viera con los dioses y recorriera las sendas que solo están permitidas a los muertos.

El anuncio de un nuevo título de la saga trajo consigo la incertidumbre: ante la desaparición de toda coletilla en el título y las primeras imágenes, algunos se temieron lo peor: Kratos se había vuelto blando. El juego había cambiado. Algunas voces se levantaron: este no es mi God of War. 

Ay, qué poca fe. Kratos nunca estuvo mejor.

Ha pasado mucho tiempo desde que viéramos a Kratos, y mucho tiempo desde que naciera su hijo, Atreus. Comenzamos esta espectacular aventura con la misión de recoger madera para la pira funeraria de la madre de Atreus y con la promesa de llevar sus cenizas a lo alto de la montaña. Una montaña plagada de enemigos y peligros. Por el camino, Kratos tendrá que enseñar a Atreus las cosas básicas para sobrevivir.

La relación entre padre e hijo no es nada fácil.

Sí, God of War ha crecido y ha llegado a la etapa de su madurez, y menos mal. A estas alturas se nos habría hecho raro ver un juego de la ingenuidad adolescente que destilaban las anteriores entregas de la saga. El sistema hack and slash ha dado paso a un sólido sistema de exploración, aventura y combate, más en la linea del reboot de Tomb Raider. Y es que, aunque muchos insisten en compararlo con The Last of Us, las decisiones que se han tomado en el diseño de este título tienen mucho más que ver con las nuevas aventuras de Lara Croft. A su manera, este God of War también es un reboot: aunque mantiene lo sucedido anteriormente, da nueva identidad al lore; renueva las mecánicas, da mayor profundidad a los personajes y nos lo presenta todo de nuevo. Deja a un lado lo superfluo y las poses, y da paso a una historia cruda, fría, descarnada, llena de momentos épicos y de luchas trepidantes, pero lleno también de momentos íntimos.

El sistema de combate es ahora menos caótico, más sosegado, más pensado. Más semejante, salvando mucho las distancias, a lo visto en Bloodborne. Tendremos un árbol de habilidades y de mejoras de armas y habilidades, pero en última instancia seguirá siendo nuestra destreza a la hora de valernos de estas lo que determinará que vivamos o muramos. La inclusión de Atreus en el combate también es importante, pues el muchacho nos servirá como apoyo y como línea ofensiva en caso de tener que dar marcha atrás. Una combinación, la de Kratos y Atreus, que nos brindará los mejores momentos del título.

Gráfica y artísticamente el juego no deja títere con cabeza. Lo primero con lo que el jugador se va a dejar la mandíbula en el suelo es con gran plano secuencia de casi 30 horas en que sucede el juego: sin cortes, sin pantallas de carga, nada. Una vez que pulses options y cargues la partida, todo será una enorme escena que termina solo con los créditos del final. No hace explicar, pues, la potencia gráfica que necesita el juego para poder hacer esto. Deja a cuadros lo bonito que es, pero también lo fluido que va, y eso que lo hemos jugado en una Playstation 4 Slim, por lo que los poseedores de la PS4 PRO tal vez vean incluso mejores resultados. Por otro lado, nos ha dejado a cuadros que God of War es, en muchos sentidos, un juego compuesto de pequeños sandbox. Es decir, como ya ocurriera con el citado Tomb Raider, God of War se queda muy lejos del estilo “pasillero” y nos presenta pequeños territorios abiertos que explorar y en los que descubrir secretos, teniendo que volver sobre nuestros pasos porque por fin hemos encontrado la herramienta para desbloquear aquel camino, y ver qué se esconde en él. Especialmente asombroso resulta esto cuando somos conscientes de la potencia gráfica y de la ausencia de pantallas de carga.

El diseño artístico y la banda sonora evocan toda la mitología nórdica que es el leitmotiv del juego. Los enemigos presentan un diseño grotesco y épico, como estamos acostumbrados, pero también los escenarios están llenos de bellas estampas o terribles evocaciones. Además, el equipo de diseño cuenta con un español entre sus filas.

God of War sí que se ha suavizado: no lo vamos a negar. No es una orgía de sangre, caos, sexo y destrucción como los otros. Es otra cosa: es un videojuego más elegante, más íntimo, que cuando llega el momento de la sangre y la violencia (que llegan, tranquilos) se vuelve todo más terrible, más real, más destructivo. Como decíamos al principio, God of War ha madurado, y qué bien lo ha hecho. Aunque los anteriores juegos eran muy buenos, aquí es donde la saga se ha encontrado a sí misma. Y esperamos que siga por este camino.

Gráficos
10
Sonido
9
Historia
10
Mecánicas
9

Summary

God of War ha vuelto, y nunca estuvo tan bien. En esta nueva aventura, el juego parece haberse encontrado de golpe con la madurez, con las ganas de contar algo más serio, más íntimo, donde la violencia no es un recurso común, sino el recurso terrible que no tiene vuelta atrás. Una delicia, una obra de arte.

Total Rating

9.5
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