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Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa

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Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa

Eros, fue el dios primordial de la atracción sexual, el sexo y el amor. Aunque su adoración era poco común en la antigua Grecia, más tarde fue adorado apasionadamente como dios de la fertilidad, llegando a jugar un papel fundamental en en los misterios eleusinos y convirtiéndose en todo un icono en su representación romana como Cupido. Tánatos en cambio, era la personificación de la muerte.

Autor: VV.AA
Editorial: Satori Ediciones
Páginas: 424 páginas en B/N
Formato: Tapa blanda
Precio: 26€

Sinopsis: Pulpos violadores, intestinos enamorados, lamidas de córneas, genitales pixelados, cuerpos amputados, torturas imposibles… son algunos de los ingredientes más insólitos del eroguro, ese género de géneros netamente japonés que nace de la combinación desenfrenada de tres elementos fundamentales: el erotismo, lo grotesco y lo absurdo.

Estos dos conceptos universales, el amor y la muerte, han mantenido reflexionando al ser humano, sirviendo de inspiración a filósofos, poetas, escritores o pintores. De hecho, psicoanalistas usaron la mitología griega para ejemplificar lo que ellos consideraban la pulsión de vida y la pulsión de muerte, y aunque en origen Tánatos fuera la personificación de la muerte sin violencia, estos, incluyeron en su terminología, la tendencia de todo lo vivo de retorno a un estado inerte, incluyendo los actos agresivos y destructivos dirigidos al propio individuo y aquellos volcados hacia el exterior.

Así, Eros y Tánatos, se entrelazarían en un curioso suceso que marcaría a Japón y con ello, al espíritu del país. La causante de todo esto, Sada Abe.

Nacida en el Tokyo de 1905, fue la hija menor de una familia de clase media. Violada a los 14 años, desarrolló un temperamento que obligó a sus padres a ingresarla como maiko, aprendiz de geisha. A pesar de todo, creció ejerciendo la prostitución, robando a sus clientes y metida en problemas de todo tipo, sumado a una sífilis que tuvo que soportar.

Todo ese camino, la llevó hasta el Hotel Yoshidaya, donde acabó de camarera. Allí, entabló una relación con su jefe Kichizo Ishida, desatando su hedonismo más puro a través del sexo y llevando sus obsesiones sadomasoquistas hasta el límite.

En la noche del 18 de Mayo de 1936, Sada estranguló a Kichizo con su consentimiento hasta provocarle la muerte. Inmediatamente después, cortó el pene y los genitales de su amante, y los llevó a todas partes cual amuleto. Abandonó la escena del crimen, no sin antes escribir con sangre “Sada y Kichi juntos para siempre” sobre el cuerpo del difunto.

Pocos días más tarde, fue detenida mientras intentaba comerse los genitales de su amante, o eso dicen, a la vez que confesó mantener relaciones sexuales con ellos de manera infructuosa. Después de seis años de condena, Sada se convirtió en una celebridad nipona y aprovechó a escribir sus propias memorias que fueron todo un éxito.

El caso de Sada Abe, se convirtió en una metáfora viva, síntomas para unos de la degradación del espíritu nacional y la perdida de identidad del país, y para otros, símbolo de la represión sexual de un clima conservador que asfixiaba a la juventud. Todo ello acabó resumiéndose bajo una palabra: ero-guro-nansensu, lo que viene a ser lo mismo, horror y erotismo sin sentido.

Y en ese afán por documentar la cultura japonesa, la editorial Satori Ediciones nos ha sorprendido como siempre, con este ensayo de lo más completo sobre el fenómeno del eroguro, abreviación popular de la palabra. Eroguro. Horror y erotismo en la cultura popular japonesa es un ensayo cuyos cinco autores se reparten la tarea de mostrarnos la influencia que ha tenido este concepto en la literatura, el manga o el cine. Además, incluye tres relatos de los máximos exponentes de la materia, como son Junichiro Tanizaki, Edogawa Rampo y Unno Juzo.

Jesús Palacios escribe el prólogo y varios capítulos, donde narra la aparición del género y lo contextualiza en su componente histórico y socio-político. Daniel Aguilar pone en contexto el panorama literario y a los tres autores antes citados, para acabar reflexionando sobre la conexión entre eroguro y cine de serie B en los años cincuenta. Rubén Lardín continua buceando en la corriente cinematográfica en la que destaca a realizadores de culto como Takashi Miike o Sion Sono. Continua la investigación Iria Barro, que dedica su capítulo a cuatro de los mayores representantes del eroguro en las viñetas, como son Junji Ito, Hideshi Hino, Suehiro Maruo y Shintaro Kago. Para cerrar el ensayo, tenemos a Germán Menéndez, que se centra en la pornografía japonesa.

A esto se le suma, la importante documentación fotográfica de la que dispone el ensayo, con ilustraciones, cartelería de las películas, fotografías o grabados pictóricos, que junto a dibujos realizados ex profeso por autores españoles, cierran de una manera perfecta el tomo.

En resumen, es una aproximación rigurosa al concepto del eroguro, publicada en una buena edición que hará las delicias de los más fans, al igual que servirá de soporte divulgativo en un futuro, al ser el primer ensayo editado en español sobre el tema. Todo un acierto por parte de Satori Ediciones y como dicen en la sinopsis del libro: “Sois todos bienvenidos al gran circo del eroguro. Cuando salgáis, también formaréis parte de él”.

Podéis adquirir el libro aquí: Satori Ediciones

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